Una de las leyes del libro Las 48 Leyes Del Poder, del célebre autor Robert Greene, enseña atribuir errores propios a otras personas para esconder debilidades o conductas con marcado propósito oscuro.
La lucha interna por el control del PRD, que comenzó con un golpe de estado a la institucionalidad del partido, es la mejor muestra de ello. El sector responsable de la derrota quiere pescar en mar revuelto sirviéndose del disgusto que prima en la mayoría de los perredeístas, disgusto que no es más que producto de la frustración por la derrota, y que el sector Hipólito quiere aprovechar para soslayar sus culpas y así, entonces,buscar en el Presidente del partido, el culpable de la derrota del pasado torneo electoral recién transcurrido.
Todo el que tiene dos dedos de frente sabe que el único responsable de la derrota ha sido nada más y nada menos que el ex candidato, Hipólito Mejía. Las razones son obvias, y son a la vez, incuestionables.
Entre las más importantes. Después que el candidato Hipólito Mejía logra posicionarse puntero en las encuestas con más de 20 puntos porcentuales, se ausenta del país por treinta días en un viaje a Europa, situación que hace posible que Danilo Medina concentre sus fuerzas y se posicione en el electorado dominicano.
Otro punto a tomar en cuenta, que por vez primera el partido no logra involucrar las estructuras partidarias en el “Comando de Campaña”, lo que crea un archipiélago de intereses con la agravanteque la dirección de la campaña creó e impuso una estructura paralela a la del partido.
El candidato del PRD no hizo nadapor familiarizarse con los contenidos de su programa de gobierno para así formular propuestas y convencer a ese treinta por ciento del electorado dominicano en ascenso y compuesto porcapas medias que a la hora de votar lo hace con prudencia, cautela y basado en informaciones preconcebidas.
El enfoque disociado de fijar a Leonel Fernández como el adversario principal y al que hay que enfilar los principales ataques fue una estrategia que no surtió efectos. Hipólito Mejía no vio que su adversario principal era Danilo Medina y que había que formular una estrategia diferenciada con relación a éste, con argumentos que pudieran refutar sus propuestas. Un caso parecido sucedió con Mario Vargas Llosa en el 1990 que sólo enfiló sus ataques a Alan García, sin ver el ascenso de Fujimori.
No optar por ir al debate presidencial, a pesar que en ese momento el candidato oficialista tenía una ligera ventaja, en un contexto electoral muy cerrado, sobre el candidato Hipólito Mejía, fue echar por la borda una valiosa oportunidad para poder revertir esa ventaja, y ganar las elecciones.
La falta de una estrategia coherente y definida para desvirtuarla campaña publicitaria negativa que se venía haciendo en contra del candidato Hipólito Mejía en elmes antes de las elecciones. Los directivos de Hipólito Mejía se habían estancado de una manera inexplicable, y ante tantos ataques hacia su persona y de lo que fue su gobierno, no pudieron realizar una contra campaña capaz de neutralizarla.
Las razones antes enunciadas, así como las declaraciones destempladas de Hipólito Mejía en medios como el grupo Corripio, Finjus, unida a la expresión de sus principales asesores al acuñar la frase de Milagros Ortiz Bosch de que se ganaba “con o sin Miguel” hicieron posible la crónica de una derrota anunciada.
Hipólito Mejía y sus asesores, tienen que cargar con toda la responsabilidad de los desaciertos de la campaña. En los países civilizados, los candidatos cuando pierden asumen su derrota con responsabilidad, muchos, incluso, se retiran de la política para siempre.


